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Roberto y su apuesta por la schorle con un toque mexicano

Emprendedores hay de muchos tipos. Está el que simplemente se lanza a la aventura sin pensar mucho en su idea de negocio y lo que conlleva hacerla realidad; el que recibe algo de asesoría, pide un financiamiento y va para adelante; el que se prepara un poco más, pero deja algunos de los elementos de su negocio para resolver o desarrollar sobre la marcha…

Roberto Gavaldón García Loaeza, fundador de la marca de schorle mexicana Félix, es de los emprendedores que decidió desarrollar cuidadosamente su idea antes de salir al mercado. Él no dejó nada al “ahí vamos viendo” porque estaba decidido a darle al consumidor un producto que, no solamente tuviera una bonita imagen, sino que también fuera delicioso y de calidad.

Él comenzó a desarrollar Félix en 2016, pero fue hasta 2018 que las primeras botellas de schorle estuvieron listas para llegar al paladar mexicano. Los aprendizajes y retos que Roberto ha vivido en este camino del emprendedor han sido varios; pero hasta ahora, ninguno lo ha movido de alcanzar su objetivo: hacer que Félix se convierta en una bebida que mucha más gente consuma, que se vuelva más comercial; algo que podría beneficiar a la salud de la población del país, pues a diferencia de los refrescos, las schorlen (plural de este sustantivo) no tienen azúcar añadida.

Alemania y su bebida típica

Al decir “bebida típica de Alemania”, lo más seguro es que lo primero que venga a la mente de la mayoría será la cerveza; sin embargo, para Roberto, que vivió durante 9 años en el país teutón (hizo sus estudios de primaria y secundaria), lo que acudirá a su mente es la schorle, una bebida típica alemana que se logra mezclando jugo de fruta natural con agua mineral gasificada.

Sobre su idea de crear Félix, comenta que, más allá de ser saludable, lo que lo motivó a crear la versión mexicana de esta bebida fue el gusto y cariño que le tomó.

“No tiene azúcar añadida. El sabor viene únicamente de la fruta, eso hace que sea muy refrescante, más nutritiva, más saludable. Pero a mí lo que me encanta es el sabor, porque a mí no me gustan las cosas tan dulces como el refresco tradicional. Así que dije: en México no hay schorle, yo haré mi propio schorle. Así nació la idea, digamos que de mi propio antojo”, explica.

Pero antes de que las coloridas botellas de Félix llegaran a los refris de los distribuidores, Roberto terminó su preparatoria en EUA, estudió Finanzas y realizó una maestría en Negocios en el IPADE, en Ciudad de México. Tras esta última experiencia académica, comenzó a desarrollar su marca en otoño de 2016.

“Empecé a desarrollar la idea en una incubadora que se llama Founder Institute. Se hizo un estudio de mercado, estructura de costos, marca, diseño, el desarrollo del sabor, de las fórmulas… eso más o menos duro un año. Luego, tardé un año en encontrar un maquilador, un embotellador adecuado. Ya a partir de diciembre de 2018, sale Félix al mercado”.

Si bien, Roberto es de los emprendedores que no se lanzan simplemente al vacío, sino que estudian y analizan antes de tomar decisiones, eso no lo ha exentado de enfrentar situaciones difíciles. De todo ese compilado de experiencias que hasta el momento ha vivido, dice que su mayor aprendizaje es el de estar consciente de que siempre va a haber problemas, pero el cómo los resuelves es lo que hace la diferencia. No hay que paralizarse; hay que tomar decisiones, actuar y saber cómo comunicarse (negociar) con las personas.

“Empezamos a trabajar con un maquilador que no pasteurizaba y nos arriesgamos a hacer la producción sin pasteurización. Lo que sucedió es que se fermentó la producción completa, una de nuestras primeras producciones, donde los recursos estaban aún más limitados que ahora y, ni modo, a seguirle. Ese fue como de los momentos más difíciles en toda la producción”, cuenta.

“No es refresco, es schorle”

El nombre de la marca, Félix, fue elegido por Roberto en honor a su hermano menor, quien se llama de la misma manera. Él lo acompañó durante 6 meses en el desarrollo de su idea de negocio, sobre todo en el tiempo en el que estaban eligiendo las fórmulas de los sabores. Para Roberto, es un nombre fácil de recordar y que en latín significa “feliz o afortunado”, adjetivos que le van muy bien a los sabores y colores que contienen las pequeñas botellas de la marca.

“Manzana fue el primer sabor porque es el schorle tradicional de Alemania, entonces ese es el que yo conocía, me encanta y dije vamos hacer uno de manzana. Luego, fue el de guayaba, también porque me encanta y porque no hay refrescos de guayaba. Esos fueron los primeros sabores, luego ya llegaron el de mandarina, frambuesa y maracuyá”.

El emprendedor mexicano dice que el siguiente paso para Félix es tener presencia en más partes de la República: aumentar el número de distribuidores y llegar a tiendas de autoservicio. Y luego, exportar a EUA. A su favor está que las schorlen son un producto saludable y local, dos aspectos que cada vez más los consumidores toman en cuenta.

“La gente poco a poco va hacia la tendencia de comprar productos saludables: natural, saludable, sin azúcar añadida… Nosotros estamos apostando por eso. Además de que también vamos hacia la tendencia del consumo local, por eso nos esforzamos para que todo sea mexicano”, apunta.

La fórmula para el éxito según Roberto: “Si tienes un buen producto con un buen precio, y ese producto va a tener demanda, aviéntate”.

Prueba todos los sabores de Félix en Cebada Store Station (Guadalupe Montenegro #1975, Colonia Americana; Gdl., Jal.) y no olvides seguirnos en Instagram para conocer más sobre los creadores de las bebidas que distribuimos.